28 may. 2010

Crónica de Concha Buika en el teatro Jovellanos 27/5/2010

Hay artistas que despliegan sus cualidades a partir de virtudes canónicas, vamos, que se han aprendido al dedillo la tabla de multiplicar e, incluso, la engrandecen poniéndole mejor volumen al cantarla, perfeccionando las pautas de la pizarra y llenando de luces normativas el espacio donde se expresan. Es una forma del arte, acaso la menos discutible, aunque también a veces -en los peores casos- pueda resultar algo insuficiente, por rutinaria o menguada de espíritu creativo.

En otra orilla, se desenvuelven aquellos y aquellas, como Concha Buika, que ayer ofreció todo su talento en el Teatro Jovellanos presentando su álbum discográfico reciente, 'El último trago', que ha tomado la inspiración de la calle, de la radio a través de la que le llegan las coplas cuando era una niña a su domicilio del barrio chino de Palma de Mallorca, de la voz de su propia madre que ponía esmalte en los días o de los gitanillos que fue conociendo y la introdujeron en el mundo del flamenco.

No son incompatibles ambos aprendizajes. Y, acudiendo al tópico, va en gustos. Pero las formas y el fondo de esta hija de guineanos ecuatoriales que pasó por Las Vegas haciendo jazz y remedando a Tina Turner y viene sorprendiendo al personal desde su primer trabajo -'Buika', al que siguieron 'Mi niña Lola' y 'Niña de fuego'- son, ciertamente, pura llama, un aliento cálido y envuelto por notas en las que se enlazan el cristal y la arena, la delicia sutil y el brote ronco, la música hecha paladar intransferible.

Vino a demostrar de nuevo esas singularidades con unos temas en los que predominó la firma del mexicano José Alfredo Jiménez y que rendían homenaje a dos de los más grandes del otro lado del Atlántico, la inefable Chavela Vargas -de cuyo repertorio se seleccionaron las trece piezas que configuran el disco- y el pianista y compositor Bebo Valdés. Dos referencias de lujo que Concha Buika hizo suyas, otorgándoles el sello peculiar al que asimismo contribuyeron los tres músicos que la acompañaron -Iván 'Melon' Lewis al piano; Danny Noel, al contrabajo, y Fernando Savier a la percusión-, obteniendo un resultado que sólo está al alcance de los privilegiados, o sea, quienes están habitados por la merced de las melodías sin fronteras, combinando registros de aquí y de allá, entregándose a los sentimientos que se ponen en pie, como acabaron estando los espectadores del Teatro Jovellanos, desbordado de aplausos que no de público. Apenas unas 500 personas siguieron un especáculo que arrancó a los sones de 'Volver' y siguió con 'Y volverás' y 'Se me hizo fácil'.

'Somos', 'Sombras', 'Un mundo raro'... urdieron el hermoso y deslumbrante telar en el que se asomaban la rumba, el bolero, el jazz, el blues, la negritud africana, el betún cubano y la gitanería hispana, siempre al cuidado de la garganta prodigiosa de Concha Buika -que entre emoción y emoción, no dejó de soltarse el pelo con sus comentarios y su humor libre-. La 'hija negra' de Chavela hizo honor a la adopción.

Fuente: http://www.elcomerciodigital.com

No hay comentarios: