19 abr. 2010

Entrevista a Buika: "Hay muchos hogares y el último lo descubrí en Buenos Aires"

Buika inició una gira para presentar su CD “El último trago”, que tributa a Chavela Vargas.

“Los africanos siempre hemos sido nómadas, siempre estamos dando vueltas”, dice Concha Buika con una sonrisa. “Pero el mundo está lleno de hogares, yo siempre he pensado que un hogar es un lugar del cual brota un calor incondicional”, comenta la cantante mallorquina hija de inmigrantes africanos en plena gira de presentación de su nuevo disco, “El último trago”, a ambos lados del Atlántico, hogares no parecen faltarle. Buika proviene de una familia de Guinea ecuatorial aunque creció entre gitanos, por lo cual su música, no podría ser de otra manera: mezcla el flamenco con el soul, el jazz, el funk y la copla. Es una de las cantantes más singulares del panorama de la música española. Su reciente álbum “El último trago” lo grabó junto al pianista cubano Chucho Valdés, y se trata de un homenaje a la interprete mexicana “Chavela Vargas”.


—¿Has encontrado nuevos hogares en los últimos tiempos?
   Sí, hay muchísimos. La última casa la descubrí hace poco en Argentina, en Buenos Aires.
   
—¿Cómo te mantienes conectada con toda esa gente entre giras y grabaciones?
   —No hace falta que los vuelva a ver en mi vida, ya son parte de ella. Son personas que durante el ciclo de su vida van a perder un momento y te van a llamar con el pensamiento. Esto significa que, si alguna vez te los encuentras de frente, estás en casa.

—¿Qué ocurre ante la gente que no habla español?
   — Yo también he cantado en otros idiomas. Yo soy de Mallorca, y al venir de Mallorca no te queda otra si quieres sobrevivir. A mí me gusta estar al servicio de la música. Y si me han dicho “tienes que cantar en italiano porque hay turistas italianos”, entonces he cantado en italiano, sin saber lo que estaba diciendo... Siempre luego pedía la traducción para saber si había dicho alguna tontería.

—¿Te imaginas cantando tangos?
—Por supuesto. No le tengo miedo a ningún sentimiento verdadero. Yo escucho tangos desde hace muchos años, el tango entró en mi vida cuando era pequeña. Mi padre era de Guinea Ecuatorial, se marchó cuando yo tenía nueve años. Mi madre estaba sola en Mallorca con seis hijos, fuera de su país, sin sus vecinas, sus primas, y trabajaba todo el día, de la mañana a la noche. Un día le habían pagado el sueldo y perdió la cartera. Llegó a casa con un drama enorme, pensando en las deudas de la casa, había perdido el jornal de todo un mes, estaba desesperada. Entonces sonó el teléfono. Eran dos argentinos, de Bariloche, para avisar que habían encontrado la cartera y que vendrían a casa a devolverla. Era una parejita de recién llegados que no tenían nada, y le trajeron la cartera a mi madre. Ellos siguen siendo amigos desde entonces. A mi casa cuando entraron Gabriela y Jorge entraron el tango, la chacarera, entró todo. Entró el asado, entró la polenta que me vuelve loca. Una de las canciones que mi madre escuchó durante muchos años fue el tango “Nostalgia”. No conozco tanto la cultura argentina como quien ha vivido allí, pero Argentina es un país con una cultura tan determinante que viaja con la persona. Conozco muchos inmigrantes que quieren dejar eso cuando se marchan, pero los argentinos no son así. Ellos mantienen un ciclo constante con su identidad, que no se pierde. Entonces donde van ellos va su mate, va todo.

—¿Cómo surgió la idea de homenajear a Chavela Vargas con un álbum de boleros?
   —Chavela también entró en mi casa cuando yo era muy chiquitina, cuando mi papá se marchó, porque mi mamá la escuchaba mucho para olvidar. Y el cantar de Chavela es tan valiente, es como un dolor solemne, no es ese dolor de la llantina del hombre, sino que es el dolor nuestro, de las mujeres, el de toda la vida... Yo a Chavela la sufría de pequeñita, porque a esa edad no podía comprender. Yo pensaba: ¿Cómo canta esta mujer, y mi madre, por qué llora?... Y eso que ella era muy dura, no lloró ni cuando se fue mi padre, pero ponía la música de Chavela, ponía a Lucho Gatica, ponía a los cantantes argentinos que la volvían loca con sus cosas, y lloraba, lloraba. Entonces, mientras estuve en casa la escuchaba por mi madre. Cuando me fui de casa, por recordar a mi madre, yo me ponía a Chavela, para estar cerca de ella... No es que realmente la escuchara, que pusiera un CD o nada, sino que estaba ahí dentro. Muchas veces lavaba los platos y a mí me cantaba Chavelita. Entonces, cuando me hablaron del proyecto, dije simplemente: “¡Vamos!”

—¿Has cantado algo con ella?
   —Sí, siempre que voy a su casa... Ahora me voy a Colombia, Costa Rica y México y pasaré por supuesto por su casa, porque es su cumpleaños.

_ ¿Se les ha ocurrido dejar algo grabado?
   —Ella sí quiere, yo también. Ya veremos qué pasa.

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