14 mar. 2010

(REPORTAJE) Buika, pura magia entre las teclas y la cuchara


Hamburgo, (dpa) - En estos días, Buika sale poco de su casa madrileña. Sin embargo, "yo donde me llaman allí voy, soy de maletas ágiles", comenta con una sonrisa la cantante en un hotel de Hamburgo. Está promocionando "El último trago", la aclamada selección de boleros y rancheras dedicada a Chavela Vargas con la virtuosa complañía del cubano Chucho Valdés al piano.

Así como hace de rápido las maletas, Buika también viaja de un estilo a otro trazando nuevos caminos con su voz ahumada de dejes flamencos. Atrás han quedado los amores y desamores entonados con motivo de los 90 años de la famosa mexicana del poncho rojo, ahora Buika retoma la marcha por un terreno por completo diferente. "Esta es una época de encierro. Ahora estoy en mi guerra con la electrónica, que llevo toda mi vida", relata la artista.

"Soy una programadora electrónica impresionante. Y además presumo de ello, lo reconozco. De ello y de cocinar muy bien, que son las dos la misma cosa: cocinar y programar es lo mismo. Y mi especialidad son los platos de cuchara", afirma Buika. La hija de exiliados políticos de Guinea Ecuatorial nacida en Mallorca prefiere el fuego atávico de sus raíces africanas al estrellato fulminante, ya que se considera "un trabajador. Las estrellas brillan pero no dan calor; están muy lejos de las personas, y yo quiero estar con todo el mundo porque yo soy pueblo."

Como una obrera armando andamios trabaja Buika: "Me levanto, me encierro en el estudio que he montado cerca de la cocina y no salgo hasta la noche... A mí me gusta mucho la composición, encuentro que es construir. Siempre me fue más fácil componer un tema que aprenderme uno hecho, siempre me ha sido más fácil inventar."

Buika dice estar inmersa en un "proceso de creatividad muy grande" que determina su vida en este momento: "Yo no creo en el tiempo. No tengo expectativas de futuro, no las quiero, porque detrás del engaño del futuro, el ahora se desdibuja y yo quiero el ahora, lo que estoy pasando".

Tampoco se siente presionada por el éxito de sus trabajos anteriores. "No tengo mucha conciencia de cómo se recibe lo que hago. Tengo un gran drama con los tiempos pasados. Yo no tengo ni un CD mío en casa. Nunca vi una ola morir dos veces en la misma roca, ¿por qué tengo que vivir lo que ya he pasado? Quiero que tengamos fe en lo que hemos hecho. Nos ha ayudado a seguir. Yo voy sin planes." Abierta a lo que la gente le cuenta, dice.

Sólo se permite alguna que otra pausa para cocinar. "La música y la cocina son alimento. Y hay que saber hacer bien las mixturas y tener paciencia, respetar los tiempos. Yo creo que un buen cocinero y un buen músico no tienen que creer en el tiempo sino en el 'tempo' de las cosas... Acostumbro a cocinar y programar a la misma vez."

Pronto Buika tomará sus maletas para partir rumbo a Colombia, Costa Rica y México. Por supuesto, no dejará de visitar a su "mamá Chavela" para felicitarla por sus 91 años. "Chavela entró en mi casa cuando yo era muy chiquitina, cuando mi papá se marchó, porque mi madre la escuchaba mucho para olvidarlo", relata Buika. "Cuando estaba en casa la escuchaba por mi madre, y cuando me fui de casa por recordar a mi madre."

A esa edad en la que los hijos por lo general se alejan de los gustos de sus padres, Buika siguió llevando en su equipaje los boleros y "el dolor solemne" del cantar de Chavela: "No es que realmente la escuchara, que pusiera un CD, sino que estaba ahí dentro. Muchas veces estaba lavando los platos y mi Chavelita me cantaba". Por eso, cuando le propusieron el proyecto de "El último trago", su reacción fue simplemente: "¡Vamos!"

En abril, para el cumpleaños de la famosa mexicana, estas dos singulares voces volverán a sonar juntas, "porque siempre cantamos cuando voy a su casa", se alegra Buika. Mientras tanto, seguirá "en esta etapa extraña, en la que sólo me ocupo de crear" en el estudio junto a la cocina. En verdad, "estoy cocinando para alimentarnos, a mí y a los que quieran comer mi comida, que está riquísima", promete Buika.

Fuente: http://www.elpais.cr

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