26 feb. 2010

ENTREVISTA: «Yo sólo sé cantar»

Con la voz y con el corazón. La cantante Concha Buika homenaje a la célebre Chavela Vargas en El último trago. Su cuarto disco tras Buika, Mi niña Lola y Niña de fuego, los trabajos con los que en sólo cinco años tanto ha enriquecido la música de fusión, centra su concierto de esta noche en el Bretón de Logroño. Pero con ella nunca se sabe: Buika es un misterio brillante y profundo como un pozo mágico. Asegura que sólo sabe cantar, pero hace mucho más.

«Yo sólo sé cantar»

-¿Qué siente al interpretar las canciones de Chavela Vargas?
-Siempre me siento grandiosa cuando abro la boca para cantar. En este caso soy enormemente dichosa porque son grandes canciones.

-En el caso de Chavela, su vida tremenda de pasión y sufrimiento resulta inseparable de sus canciones. ¿Cómo se asoma Concha Buika a ese abismo o a ese cielo de sentimientos y emociones?
-Yo me asomo a mi propio abismo; con eso tengo bastante. En realidad pienso que todos hemos pasado por las mismas habitaciones; no hay muchas diferencias. Somos diferentes y vivimos diferentes experiencias, pero en el fondo somos iguales y sentimos emociones iguales, la misma pasión.

-¿El mismo sufrimiento?
-Yo no he venido al mundo a sufrir; tampoco Chavela. Ella ha vivido y en eso caben muchas cosas, sobre todo si vives con pasión. Yo también vivo con pasión. A esta vida hemos venido a sentirlo todo, no sólo lo agradable.

-¿Le gustó a Chavela su trabajo?
-Le encantó.

-¿Qué relación tienen?
-Ella me llama su 'hija negra' y para mí es la mujer con la que me habría casado si hubiera llegado a tiempo.

-¿Es cierto que hace años no quiso cantar con usted?
-Ni conmigo ni con Martirio. Pero aquello fue un malentendido: quien organizó un concierto suyo creyó que estaba algo mayor para aguantar todo el tiempo en solitario y pensó en nosotras para completar, pero ella nos mandó a paseo.

-Hay que hablar de otro gran artista con el que ha trabajado en este disco, Chucho Valdés. ¿Qué destaca de él?
-Lo que me dejó aprender de mí misma, porque es un maestro de la enseñanza y del aprendizaje. A otros maestros se les olvida enseñarnos que tenemos grandes cosas que aprender de nosotros mismos, que somos nuestros mejores maestros.

-¿Qué aprendió junto a él?
-Yo no tengo estudios y, sin embargo, lo mejor que he aprendido es que no tenemos límites. ¿Qué mejor lección puede haber? Si te dedicas a acaparar conocimientos ajenos quizás nunca aprendas nada por ti mismo, pero si aprendes que cada uno es su propio maestro puedes estar aprendiendo siempre.

-¿Eso es lo que hace con su voz: aprender?
-Yo sólo sé cantar. A todo lo que aspiro es a aligerarme de peso, a ser cada más liviana.

-No ha parado de hacerlo, de cantar, en los últimos cinco años.
-. En cinco años no, en más de 38; mi melodía empezó antes que yo.

-Eso es hermoso, pero yo me refería a su carrera vertiginosa desde que apareció su primer disco. ¿Qué sensación tiene?
-Nunca hago balance. Ni siquiera miro vídeos de mis actuaciones, ni leo entrevistas ni tengo discos míos. Soy un animal que vive cuanto puede sin pretender acaparar nada. No quiero equipajes tan pesados.

-¿Cuánto le importa el reconocimiento del público?
-El público somos todos. En la tribu cada uno hace una cosa cada vez: ahora te toca cantar, ahora escuchar. Esa sinergia es como una comunión de la que todos participamos. Yo no quiero saber nada de la industrialización de los sentires. Ningún artista crea para el arte oculto. Por eso yo canto sin preocuparme. Me preocupa más pensar que guardamos en secreto que en realidad nos amamos y que seguiremos guardando ese secreto otros mil años más.

-No acierto a entender si es usted optimista o pesimista.
-Soy realista, pero mi realismo es también positivista.

-¿Hacia dónde orientará su voz después de Chavela?
-No tengo dirección. Vivo sin sin miedos. Mi abuela vivía en taparrabos, mi madre me enseñó a no tener miedos y yo no sé si los tendrán mis hijos. Es divertido no saber adónde vas.

Fuente: http://www.larioja.com

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