28 feb. 2010

Entrevista: "Buika canta descalza y sin equipaje"

CHAVELA VARGAS LA llamó "mi hija negra" y ella no tuvo más remedio que seguir el rumbo musical que le trazaron sus genes. Concha Buika viene el 24 al Metropolitano a cumplir su ritual: un trago de ron, sin zapatos y a cantar.
Beatriz Arango S. | Medellín | Publicado el 28 de febrero de 2010

"Cuando era chiquilla mi papá se marchó. Éramos muchos y mi mamá limpiaba casas todos los días, desde bien prontito al alba hasta que se ponía el sol. Mi hermana mayor y yo poníamos la casa.
Concha Buika viene el 24 al Metropolitano
Un día no fue a trabajar y nos despertó a mis dos hermanas y a mi para darnos un vaso de zumo de naranja. Yo era la primera en beber y me puse tan nerviosa que pegué una manotada y lo tiré. ¡No había más zumo! Y ya sabes cómo son las cosas en casa de pobre. Me sentí muy mal.

Ese recuerdo hace que yo me sienta insegura por muchas cosas. La cuestión es que cuando estoy encima del escenario, en algunos momentos de dificultad vuelvo a ese día... y el zumo no se cae.

Esa es la vida: Vuelvo a esa tarde y él no se va. Vuelvo a esa mañana y el vaso no se cae y mi madre no se enfada. Suelen ser momentos maravillosos y todo me sale bien".

Con una voz suave y contundente. Una voz atravesada por el humo y tallada con verdades, a veces fuertes, otras muy reveladoras, Concha Buika va contando su vida.

Hija de una mujer serena que iba para monja (hay historia de mujeres muuuy rebeldes en su familia); y de un revolucionario agnóstico de Guinea Ecuatorial, Concha Buika entendió la "malaleche" o rebeldía de su ser cuando conoció la historia de su bisabuela: creció sola en el campo de Guinea, sin padres o esposo, se dedicó a trabajar la tierra y se hizo a pulso.

La misma que se dejó morir en su rancho cuando amenazaron con quitarle su tierra. La misma que tuvo apellido de árbol y no de hombre, porque nadie conoció su origen; y entonces le dieron por apellido Sinqué, la raíz del árbol con el que la alimentaban para que creciera fuerte.

Esa rebelde llamada Concha Buika responde al otro lado del teléfono en Madrid, para hablar de un disco titulado El último trago , mezcla de jazz, blues, flamenco, cante gitano, rancheras... Un homenaje a Chavela Vargas, con la complicidad de Chucho Valdés y Javier Limón.

Un homenaje a la mujer que la llamó "mi hija negra".

¿Podría decirse que El último trago es un disco de encuentros... Encuentros suyos con Javier Limón, Chucho Valdés y Chavela Vargas?
"Todo lo que son encuentros en esta vida son maravillosos. Los desencuentros son los que no están bien".

¿Cómo fue la cita que le puso la vida con Chavela?
"Eso fue hace años. Chavela, Martirio y yo. La manager de Chavela es la mía y supuso que como ella estaba mayorcita no podía hacer una actuación sola y nos llamó a Martirio y a mi para que cantáramos... ¡Y nos echó! Estamos unidas desde entonces".

¿Y las une una suerte de dolor? Al pronunciar sus nombres se siente una especie de desgarro...
"¿Por qué? Ocurre que cuando alguien nos mira se recuerda. El que veas lo que ves no significa que yo lo esté pasando. Soy un espejo. Para mi el desamor no es ninguna tragedia. Al contrario, la tragedia es tirarse un día, 30 o cincuenta años despertando cada mañana y preocupándote más por la persona que tienes al lado que por ti misma. Esa es la tragedia.

El desamor nos conduce a abrir los ojos una mañana y sentirte la dueña absoluta y total de tus días. No sé dónde se ve el drama".

En El último trago hay canciones de dolor y otras que alegran muchísimo...
"Es que cuando uno se marcha, se marcha a buscar felicidad. Hay que desdramatizar las despedidas y reconocer el dolor en el amor, pero no las cosas dañinas. El amor duele pero no es dañino. Recreamos el dolor, lo utilizamos para manipular y eso no está bien".

¿Esta claridad con la que expresa emociones la encontró en la música?
"A través del amor, la música, la pintura, la fotografía, la escritura, la observación. A través del sentir..."

¿Está hecha de arte?
"Somos seres hechos de recuerdos. Esa es la verdadera biblia del ser humano, lo que ha pintado, escrito o cantado. Pongo a mi hijo Joel delante de un cuadro de Matisse o de Modigliani y el pintor se comunica directamente con él, sin filtros ni interpretaciones".

¿Percibe Joel su arte?
"Percibe dónde va a vivir, lo qué le va a dar esperanza. Él es mi mundo de arte".

¿Los temas de su disco duelen y abrazan. Busca eso o entrega un disco y espera a ver qué pasa?
"Yo no quiero nada. Yo me limito a hacer. Nos pasamos la vida teorizando sobre lo que somos".

¿Su música la hace feliz?
"Es que soy muy feliz per se . Estoy condenada a una felicidad maravillosa. No necesito positivismo. Solo lo necesitan los desesperanzados. La música me ha ayudado a todo, porque yo era un desastre.

Tuve la gran suerte que de mi no se esperara nada. Y eso te da tremenda libertad a la hora de explayarte. Esto de ser la gran promesa de la familia es una putada como un piano de grande".

Leía que grabó el disco con Chucho Valdés en La Habana en cuestión de once horas...
"Fueron dos tardes".

¿Y cómo se logra un disco de tal calidad en dos tardes. Debe existir una conexión especial?
"¡Eso es normal! ¿Por qué les parecen extrañas las cosas que son normales? Grabar un disco, hacer una comida, rascarse la cabeza, tener un orgasmo...

Lo que no es normal es tener tiempos estipulados. Las cosas duran lo que tienen que durar. No mido las cosas por el tiempo, las mido por el tempo, que son instantes. De goce, de alegría, de pena, de rabia. La música vive en esos instantes".

¿Qué equipaje traerá?
"Voy a contar lo que queráis que cuente. Un teatro es para mi un santuario. Es un sitio en el que sabemos que vamos a ser amados y a querer. Nunca llevó nada porque sé que allí lo voy a encontrar todo".

¿Qué significan las mujeres en su vida?
"La mujer es el primer amor. La madre es amor. Todas las mujeres del planeta estamos hermanadas, desde una capacidad de comprendernos. Esto me viene de África, que es un matriarcado, aunque no lo parezca. La herencia la transmite quien sostiene, no quien manda. Somos las eternas transmisoras".

¿Menciona África, el origen de su familia. Ha regresado al continente?
"Yo soy un nuevo concepto de África como tu eres un nuevo concepto de Colombia. El territorio está en la piel, en el corazón, en la lengua, en el cielo de la boca".

Fuente: http://www.elcolombiano.com

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