7 dic. 2009

Los que nos acercamos al arte estamos buscando amor, recitó Concha Buika


“Puebla es un lugar maravilloso”, fueron sus primeras palabras de la intérprete, mientras sostenía en la mano un caballito que parecía estar lleno de tequila / Fotos Abraham Paredes
YADIRA LLAVEN

No es lo mismo cantar que cantar jazz en la síncopa, y eso lo demostró la española, de origen africano, Concha Buika, quien literalmente se transformó en el escenario la noche del jueves durante el cierre del primer recital del Festival Ejazz. Ahí, ante más de mil espectadores que incluso abarrotaron los pasillos del Teatro de la Ciudad, aseguró: “los que nos acercamos al arte estamos buscando amor”.

Cuando Yekina Pavón, Alexa Melo y la agrupación de Joâo Henrique abandonaron el recinto, el público ya había calentado motores para recibir a Concha Buika, una de las intérpretes más reconocidas de la ola contemporánea de la música fusión, que mezcla por igual tanto jazz, flamenco y copla como blues, gospel y bossa nova.

“Puebla es un lugar maravilloso”, fueron sus primeras palabras mientras sostenía en la mano un caballito, que parecía estar lleno de tequila. “Brindo por los santos y por este mundo extraño que nos está haciendo vivir”. Y nada mejor para acercarse al público poblano que interpretar Un mundo raro, de José Alfredo Jiménez, que la masa disfrutó hasta la médula.

Buika canta con el corazón, desde lo más profundo de sus entrañas; así se le escucha, desgarradora, con sentimientos tan disímiles, como el amor y el sufrimiento al mismo tiempo.

Fuente: http://www.lajornadadeoriente.com.mx

“Para llegar al canto de la musa Chavela Vargas hay que estar con el pecho bien abierto, hay que llegar a Oro santo con valor para cantarla”.

En el intervalo de una canción y otra, mientras sorbe unos tragos, contó de su maravilloso viaje carretero del DF a Puebla, de su cercanía con la música mexicana y dio una pequeña introducción a cada uno de los temas a interpretar.

Hija de la migración, Buika sabe mejor que nadie el hecho de tener que abandonar su país de origen por una vida mejor. “He llegado en coche y he tenido una satisfacción de cantarle a los que nacieron aquí y se han marchado a otros lugares por trabajo, por la escuela o por un rompimiento. Desde aquí les canto para que vuelvan pronto: Volver”, y lamentablemente el sonido falló.

El público en sigilo siguió cada estrofa del famoso tango de Carlos Gardel, que por momentos sonó a ritmos flamencos. “Que vivan todos nuestros recuerdos”, expresó, al tiempo que presentó a los tres excelentes músicos que la acompañaban desde Palma de Mallorca. Fernando Melón, al piano; Daniel Martínez, en el contrabajo, y El negro, en la batería.

“Eres grande, Concha”, se escuchó entre las butacas. “Tú también papá”, fue la respuesta de la española a su seguidor. “Guapa”, “maja”, “que viva la madre que te parió”, fueron los piropos a la intérprete de Falsa moneda.

Para entonces el público extasiado pedía complacencias: No hay nadie en el mundo, Se me hizo fácil, Volverás y Mi niña Lola, entre otras, que a gritos sugería la masa enardecida.

“Para la hermana que pidió Volverás, porque te hace falta mamita. Vuelva o no, estás condenada a ser feliz. Te lo digo desde mis dos bocas”, fue la sincera recomendación de Buika, quien ese día vestía una singular túnica naranja, el cabello atado con unas flores, una serie de vistosos brazaletes que casi le llegaban al codo y los pies descalzos.

“Desde aquí pedimos cinco minutos para la rebeldía, para hacer, por una vez, lo contrario”, comentó, mientras tomaba la cámara fotográfica de una mesita en donde también había una botella de agua y un vaso de tequila para capturar el quehacer de sus músicos. Fue algo íntimo y poco usual.

Luego vinieron temas representativos, como Miénteme bien, Luz de luna, El último trago y Cruz de olvido, esta última canción “es la mejor del mundo, porque el olvido es un precio que se paga muy caro”.

Unos minutos antes de culminar el recital Concha pidió un respiro. “Nosotros somos la demostración de que África escucha a México, y venimos a que México, a que Puebla, escuche a África”. Fue el preámbulo para cantar y bailar una canción popular de su pueblo natal.

“Como decía mi mamá Chavela Vargas, a la mujer le da miedo estar sola, pero cuando estamos solas nos recreamos. Hay que ponerle un pedestal a la soledad, porque es cuando nos construimos. No estamos solas, todas las mujeres estamos unidas”.

Fueron dos horas de emociones encontradas. Concha Buika nos llevó del amor al desamor, del dolor al gozo, de la alegría a la nostalgia. “Se nos rompió el corazón de tanto usarlo”, y cerró con El andariego.

El público enloquecido se puso de pie para despedirla con interminables aplausos y bendiciones, pero no la dejaron partir hasta que no interpretara “la última y nos vamos”. Fue una noche gozosa, de por lo menos cinco horas de buen jazz, blues y gospel, que inició con Yekina y terminó con Buika. Los poblanos salieron con un buen sabor de boca y con los sentimientos a flor de piel.

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