3 dic. 2009

Entrevista a Concha Buika: "Quiero estar con la tribu"


Foto: Asterisco
02-12-2009 / Escucharla conmueve. Cantar, como hablar. Al igual que las piedras preciosas, su decir encanta por su orginalidad, por las imágenes, ideas y emociones que genera al ser dicho.
Por Jorge Belaunzarán

- ¿Cómo eligió el repertorio de Chavela Vargas?

-Yo no elegí nada, he grabado todo. Los que eligieron fueron los discográficos, los locos que luego cogieron y metieron en un disco.

La primera respuesta de Concha Buika desubica. No porque esté desubicada. Al contrario, lo está, y muy bien. Tanto en la punta del sillón en el que se sienta al conceder la entrevista fumando de los suyos armadaos a mano, como, aparentemente, en la vida. Sus siguientes palabras parecen corroborar que el desubicado es el periodista: su cara indica que le han cambiado algo del mundo.“He grabado todo el repertorio de Chavela porque es muy escaso. Da la sensación que se pasó la vida garbando los mismos temas, enfrentándose a los mismos miedos, las mismas batallas; algo mágico y muy bonito.

-Y a usted no le gustan los productores.

-No, no he dicho que no me gusta, simplemente digo que no me hace falta.

Será la primera de las tantas correcciones que hará durante la entrevista. El desenfado necesita precisión, no hay otra forma de mantenerlo. “A mí me gustan mucho los cardiólogos, pero por el momento no necesito a uno, jaja. Estoy muy de acuerdo con los psiquiatras, pero por el momento no me hace falta uno jaja. Pues es lo mismo, los productores están muy bien para quién los necesita. A Javier Limón no lo vivo como un productor, lo vivo como un gran apoyo, no como un salvavidas: yo no estoy en peligro. Los productores salvan vidas, fabrican estrellas; las estrellas están muy lejos, están solas y brillan pero no dan calor.

-¿Aceptaría sugerencias?

-Siempre. Lo que pasa es que no sé quién te puede sugerir nada al respecto de cantar tus sueños o de cantar tus miedos, eso sabrás tú cómo los quieres cantar. ¡Venga hombre!, que sea un enfrentamiento directo entre tu manera de trabajar y tu público: sé valiente, sé valiente y enfréntate a ellos.

-¿Existe la posibilidad que alguien vea en usted, algo que no puede ver de sí misma?

-¡Por supuesto! Suele pasar mucho, nos suele pasar muchísimo. Somos capaces de ver en los demás lo que realmente no es que no quieran ver, simplemente no están en la labor de mirarlo, no se han dado cuenta, no se los dijeron nunca, no fueron concientes. Son muchas cosas. Pero ya no se trata de lo que quieras o no ver en ti, sino se de lo que quieras o no enseñar, y eso no te lo puede dar nadie ni nada, si no tú. Perturba la libertad a quien la reconoce pero no sabe vivirla; angustia descubrir que, más que el tiempo dilapidado, lo terrible son las hermosas posibilidades que se llevó.

- Una vez dijo que tardó 34 años en sentirse. ¿Podría explicarlo de otra manera?

-Me preguntaron si quería ser actriz, y contesté que llevaba 34 años (por entonces, ahora llevo unos cuantos más, jeje), en mirarme al espejo y poder reconocerme, y que a partir de ese momento no iba hacer absolutamente nada por intentar sentir que soy otra persona: me gusta mucho estar en mi pellejo, no quiero parecer que soy otra pero ni en broma, ni jugando.

-Dice que cantó a Chavela Vargas de chica, pero ¿cuándo fue que dijo: ya la tengo?

-Eso no es cierto, no funcionamos así, nadie funciona así, tampoco las cosas. A veces cuando me preguntáis me da la sensación de que existe una intencionalidad en todo paso, y no es verdad. Somos una consecuencia, vamos fluyendo. Lo único que haces intencionadamente es buscarte la vida, intentar sobrevivir dentro lo que es tu profesión, con más o menos suerte, pero tú ni haces ni deshaces; yo por lo menos no lo hago. Confió más en al necesidad que tiene la naturaleza de crear arte que en la que tengo yo, dejo que el arte sea natural, que venga y salga, que haga cosas. Creo que el pescador pesca solo algunos tipos de pescado porque es lo que le compran en la lonja, pero él adora todos los peces, jaja.

-¿La naturaleza hace el arte?

-Sí, somos una consecuencia de ella. Y el arte es uno de los lenguajes, ¿tú has visitado el cementerio de París?

-No.

-Visítalo cuando puedas, ¿vale? La gente ha puesto unas tumbas concretas con unas estatuas, unas cosas, unos cuadros y unas rosas, y el arte se ha encargado de fabricar su propio arte. Pasas por ahí y a las rosas se le ha revivido el color, ya no es roja, es como una especie rosa gastado, y está cubierto por una telaraña maravillosa que está detrás del epitafio de la tumba que está sobre otra manta de hojas porque llovió. Y de repente haces esa fotografía y te das cuenta de lo que es el arte natural, el verdadero arte, el que está por encima de nosotros. Es el que nos estruja, nos pide más, hace que nosotros queramos más. Y de golpe Buika dice “vamos a la cocina”, porque la “cocina es un ambiente maravilloso, que me recuerda a la casa de mi madre: todo pasaba en la cocina”.

-¿Canta para sobrellevar los males?

-No, porque entonces se convertiría en una especie de ansiolítico, y no es así. Cantar para no odiar, componer para no volverme loca, es lo que digo. Que el antídoto para poder llevar los males de la vida es el dialogo, el hablar con las personas que te quieren y que quieres, el poder tocarnos, ése es el antídoto. Que nos toquemos la carita, que cuando tú hablas con una amiga le digas qué bonita eres; éste es el antídoto a todos los males. Imagínate una persona a la que tu quieres mucho, un ser maravilloso que viene y te dice hermano, o cariño mío, o mi amor contigo de mi parte yo puedo con todo en esta vida, eso es un antídoto. Creo que el canto y la música es algo mucho más personal, que podemos compartir entre todos pero que en ese momento intrínseco en el cual estás catartizando o exorcizando o vomitando, qué cojones, esas cosas que por dentro no se te han podido colocar por exceso, que por densidad es demasiado para un solo corazón, de repente las colocas en el canto. Por ejemplo me he querido o aceptar, que aceptar es la necedad…

-¿Por qué?

-Porque sí, la aceptación es como que yo lo haría mejor. La aceptación es la de: no, sigo pensando que esto no es así o sigo pensando que esto me jode pero lo acepto. No, yo pienso que es así, tú piensas que es de otra manera, y bueh, quieres que lo hagamos de esta manera, comprendo, comprendo que el mismo interés que tú tienes en hacerme ver que las cosas son como tú las ves y lo defiendes con esa pasión, es la misma que pongo yo en decirte lo contrario. Comprendo que tú necesites esa razón, porque comprendes que yo también la necesito. No es cuestión que estés en contra mía para hacerme daño, que la intencionalidad de las cosas a veces me confunde un poco.

-Un montón.

-Es que es una época de mucho engaño. No odiamos, nos separamos con algunas cosas. El odio es una palabra muy peligrosa. Odiar es olvidar. Cuando veo alguno de estos soldados africanos de alguna de estos países en guerra disparando contra un niño, eso es olvido. Olvido, desinformación, ignorancia, el odio no se dónde está. No se pueden odiar dos personas que no se conocen. Además la imagen es ridícula, tú imagínate uno diciendo JAIABILAOAA y el otro EWISSA, no saben ni siquiera que se están diciendo. Si lo hicieran a lo mejor se querrían de puta madre. Es mentira, que nos han engañado, que no, no odiamos, nos caemos muy bien.

-¿Es un mundo enfadado entonces?

-Muchísimo, y sin embargo es normal. Esta crisis económica tan grande de la que hablamos creo que es ni más ni menos que reflejo de la verdadera crisis, que es la crisis de aquí, del corazón, del espíritu, de las ganas, de la credulidad, de la fe de muchas cosas. Es que estamos tristes. Ya no se puede trabajar más de lo que se trabaja, cobrando menos de lo que se cobra, invirtiendo más de lo que se invierte, para recibir menos de lo que se recibe. Al final hemos terminando pagando tanto que todo nos sabe a poco. Es una especie desamor a tu ciudad, por tus costumbres, por tus cosas.

-Es mucha exigencia.

-¡Ahhh! Que el mejor padre, el mejor hijo, el mejor en tu trabajo, el mejor amigo, el mejor hermano, el mejor compañero, el mejor ciudadano y luego mírate al espejo quiérete mucho ten la autoestima por las nubes. ¡Tío!, que no somos máquinas, y que encima nuestra capacidad de errar es una de nuestras virtudes: de ellas hemos sacado el acierto. En la música del error nació la síncopa, del error nació el si be mol, del error nacieron las mayorías de las obras de arte, nació que yo viéndote el pelo lleno de canas y arrugas de expresión te diga que pero que guapo estás hoy. ¿Por qué? Pues porque me veo en ti, que no eres una estrella de esas que no sudan, que crea la industria, que son de porcelana, las tocas y no da color. A mí no me separéis, quiero estar con la tribu. Eso solo crea miedos, y no tengo miedo a nada. Quiero siempre el mismo ser humano incorregible y estúpido.

-Y no un animal asustado.

-Totalmente. Siempre digo que todos somos africanos: África es un concepto en la cabeza, una idea, no una realidad palpable. Es una idea que funciona: que cómo vive la persona es más o menos libertaria o más o menos concebible. Somos africanos porque todos somos esclavos, y pensamos en ese paraíso maravilloso que es un recuerdo no vivido, una ilusión que algún día llegará, como cuándo te miras al espejo y piensas: Dios, seré libre tarde o temprano, y llegará el día que no me voy a levantar a las ocho de la mañana. África nos representa a todos en silencio, como ese personaje que habla pero que nunca se dirá lo que dice.

-¿Qué quiere decir: las dictaduras de cariño contaminan?

-Pues una dictadura de cariño genera una víctima que se busca constantemente en el amor del otro. Hay que tener mucho cuidado con las víctimas y mucho cuidado en no convertirse en una víctima. Son dañinas sin querer, y encima de todo no se dan cuenta: una victima no busca amor, busca un culpable abstracto. He jugado mucho a lo de ser víctima: de la pareja que me dejó porque me dejó, de la que no me dejó porque no me dejó, del que me hizo, del que no me hizo, y es como un sofá: el victimismo te debilita, te vuelve un ser súper vulnerable, uno en el que no se puede confiar. Confió en el que cuando llegue la lluvia sabrá hacer: ¡vamos niña!, plim, plim, salgamos corriendo, jaja. No te voy hacer pagar lo que me hizo Pepito.

-La última: no espero nada de nadie y eso es amor, ¿por qué?

-Porque tengo que dejar que tú vengas a ejercer de ti mismo.

Fuente: http://www.elargentino.com

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