1 dic. 2009

Entrevista a: Concha Buika canta con sabor ranchero

Buika recuerda que una viejecita pasaba por una empedrada calle de Tepoztlán, Morelos. La cantante, a punto de salir del poblado, lloraba: estaba acongojada porque había dejado a Chavela Vargas “un poco flojita” y tenía miedo de que enfermara justo ahora que por fin publicaba “El último trago”, en homenaje precisamente a Chavela.

Entonces pasó la viejecita. La abrazó. Le dijo muy cerca del oído: “Esa pena que traes, compártela conmigo porque yo sí puedo soportarla”

Concha Buika se acuerda de ese momento y la piel se le pone “chinita”. Le entra un escalofrío al recordar que luego de sentir el abrazo, volteó para agradecerle el gesto: la viejecita no estaba. ¿A dónde se fue? ¿De dónde vino? ¿Quién era? Buika la buscó sin encontrarla: Era una calle sin recovecos, no había vueltas ni esquinas. Simplemente desapareció.

Así fue que Buika sintió la magia de Tepoztlán, lo que considera una feliz coincidencia porque ahora está en contacto también con el México ranchero y bravío con el álbum mencionado al que tituló El último trago y que contiene nuevas versiones de canciones que fueron legendarias en voz de Chavela Vargas.



Su primer contacto con la música mexicana fue a través de su madre, quien comenzó a escuchar canciones de José Alfredo Jiménez cuando la abandonó su marido. Buika narra: “Mi padre se fue y ella superó su pena de amor escuchando a José Alfredo en voz de Chavela. Eso le ayudó a salir de su tristeza”.


—¿No es paradójico que tu madre superara su pena de amor con canciones de José Alfredo que son precisamente desagrradoras y tristes?

—Yo no las encuentro tristes; son una realidad dura pero no dañina. El mordisco del desamor es animal, te puede doler hasta sentir que te mueres pero no ofende porque es como si te mordiera una serpiente: no te puedes enojar con ella porque te muerde. En el desamor tenemos la manía de culpar a las personas que nos dejan y no es correcto.

—¿Entonces nadie se muere de amor ni se corta las venas con las rancheras?

—Morir de amor es una mentira porque luego viene otro morir que precede a otro morir que hoy por hoyo te está matando. Es una muerte lenta así que es mejor que empecemos a desdibujar las muertes por amor.

—Pero el último trago es siempre el más amargo...

—Este disco fue el cierre de una etapa concreta, quise cerrar la etapa del victimismo, fue un último trago de pena.

—¿Y ahora de qué te los tomas?

—De tequila, ja. Para mí el último trago es el que precede al siguiente; el último trago sólo es un síntoma de que tienes que levantar la mano y decirle al cantinero: “sírvame otro”.

—Una línea de la canción dice “siempre caigo en los mismos errores”...

—Somos incorregibles por eso siempre le cantamos a las mismas cosas; da igual si es ranchera o música hindú, siempre le cantamos a la desesperación por entender lo que nos pasa.

—¿Cómo te quitas la presión que ejerce la sociedad para que seas perfecta?

—¿Quién es la sociedad? ¿De qué color tiene los ojos? Te han mentido, la sociedad no existe, y si existe, somos cada uno de nosotros. La sociedad es otra de esas mentiras que nos han contado.

—¿Qué otra mentira te molesta?

—La mentira de que nos odiamos, que si los malditos yanquis o rusos. La verdad es que si tú vas a España, China o México, lo que encuentras es un montón de gente trabajando para pagar la luz, el colegio. El odio es una mentira de cuatro, luego esos cuatro se sientan a cenar muy rico mientras nosotros peleamos.

—El disco también tiene canciones de Agustín Lara, quien tenía mucho encanto con las mujeres a pesar de que, era de “cara muy dura”.

—Nunca he entedido la necesidad de que seamos guapos. Yo vengo de la cultura africana y allá eso no se tiene muy en cuenta. Si un hombre tiene buena sangre y es trabajador, es guapo, pero si está tirado y es un flojo, es feo.

Fuente: http://www.eluniversal.com.mx

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