8 dic. 2009

ENTREVISTA: Buika: siempre que cantas, te beneficias


Para empezar, Buika se arma un porro: "Me relaja". Sonríe y, luminosa, deja ver las paletas separadas de nena traviesa. Dice que, como los viajes la apartan de su afectos, las entrevistas le sirven para charlar. "La necesidad de tener un amigo siempre está", y aparece otra vez la sonrisa fosforescente. Concha Buika reúne la simpatía española y la frescura africana: nació en Mallorca, hija de inmigrantes de Guinea Ecuatorial. "Los niños son de todo. Yo era veterinaria, psicóloga, maestra. Me decían 'baila', y yo bailaba; 'canta', y yo cantaba. 'Cuida al cerdo', pues vamos p'allá. A cada lugar donde pudiera conseguir un dinerillo y diversión, iba. A los 10 años, con mil pesetas pensaba que podía tomar un avión, ir a Malasia, comprarme mil vestidos y ser una princesa africana. Así está mi hijo ahora. Y lo bueno es que no se lo estamos quitando de la cabeza: le decimos que no hay nada imposible, sino personas incapaces".

A los 37, ella se convirtió en aquella princesa africana. Hay que verla con su turbante púrpura y su collar dorado. Y más aun, dicen, sobre el escenario. Uno de sus mayores admiradores es Pedro Almodóvar: "Escucharla me ha provocado, desde la primera vez, una conmoción muy parecida, en intensidad, emoción y humedad, a la que me provocaba Chavela Vargas", escribió en el cd El último trago, un homenaje de Buika -con Chucho Valdés en el piano- a Vargas. Pero a la propia Chavela no le provocó esa conmoción, por lo menos no desde la primera vez. "Nos echó a los perros, a mí y a la Martirio, no nos quiso pa' na'. Se suponía que nos conocería para que cantásemos con ella en un concierto, pero no. A mí me echó porque no canté desde la sinceridad, sino desde el miedo. Me dijo 'canta, m'ija' y me equivoqué. Pero las cosas tienen que salir mal para que luego salgan bien. Cuando fui a actuar a México, ella vino y le encanté. Vino al camerino y me dijo 'tu eres mi hija la negrita'. Y desde entonces somos inseparables".

Las cosas para Buika, se ve, suelen empezar a los tumbos. "Yo tocaba la batería en un grupo de chicas, muy malo. Un día vino mi tía y me dijo que me iban a dar diez mil pesetas por cantar. 'Si no sé cantar', le dije. Pero fui, canté y me dieron esas diez mil pesetas. En mi familia el cante siempre fue tradicional, porque para los africanos la música más que algo lúdico es un aspecto vital. Cuando mi abuela le quería decir algo a mi madre y no se atrevía, se lo cantaba. Yo recuerdo estar en la cocina con mi madre y escuchar que mi abuela cantaba en la terraza y mi madre diciendo '¡pero qué me ha dicho esta!'. Y es que mi abuela le estaba cantando en el idioma del país, el bubi, y le mandaba mensajes. Para mí cantar era un acto inconsciente, natural, un ejercicio catártico. No pensé que me darían dinero por ello, pero me lo dieron y lo tomé. No lo pude rechazar". Buika se ríe.



¿Cómo seguiste cantando?

Empecé a cantar todos los fines de semana, pero sin cobrar, porque me habían engañado: el pianista de mi grupo me dijo que la mayoría de las cantantes pagaban por cantar hasta que llegara un manager y les pagara. Claro: yo soy de Mallorca, no sé nada de managers, allí no existen las discográficas, y aceptaba. Me decía: 'A ti te dejan cantar gratis porque lo haces muy bien'. Hasta que conocí a mi primera pareja y me dijo 'te están timando'. Pero hay que tener en cuenta que siempre que cantas te beneficias, así que no perdí.

El curriculum dice que de los bares de Mallorca pasó a cantar una temporada en casinos de Las Vegas, imitando a Tina Turner. Volvió a España, grabó un disco, pero andaba a la deriva, con ganas de irse a vivir al Africa, cuando la descubrió el productor estrella Javier Limón. Mi niña Lola le dio elogios y premios y festivales y el siguiente disco, Niña de fuego, ratificó todo lo que se había dicho de ella: que funde flamenco, jazz y blues como nadie. Un arte, dice, natural: "Yo soy música, no sé nada de música. No sé si un perro sabe que es perro. Tengo muy poca fe en la enseñanza del cante, como nadie te puede enseñar a reír, a llorar, a quejarte, a cabrearte. Es demasiado personal, demasiado tuyo. En este gran engaño que ha sido la educación de la conducta, se les olvidó de decirnos que el maestro éramos nosotros. Pensar que la energía que nos va a conducir hasta nuestro destino está en manos de otros es cosa rara. Es curioso, últimamente me estoy quejando mucho de esto. Pero los escritores y poetas y músicos ya no nos hablamos, ya no estamos juntos, antes éramos sus musas, antes escribían cosas y nosotros les poníamos sonido. El mundo del cante y las letras ha perdido unión, desde que poetas y cantantes estamos librando batallas distintas. Nosotros, detrás de Grammys y cosas raras. Me decían: '¿no te da miedo de que la gente de la organización de los Grammys se enfade?' Que me echen, ¿me van a echar del mundo del sonido, del do mayor? No hay problema, yo y mi do mayor nos iremos a un mundo de descreyentes, de gente sin miedos".



¿Por qué tendrías que temer que te echen?

Porque últimamente estoy poniendo como paradigma del despropósito no sólo a los Grammys, sino a todo lo que intente determinar quién es más bueno que otro. Son tonterías: el ser humano necesita del arte porque es la única religión legítima que existe. Se ha mercantilizado todo de manera chabacana. Artistas que trabajaban detrás del hambre de libertad, ahora lo hacen detrás del hambre del ego. Basta ya con que nos coman la cabeza con lo del crecer, no quiero crecer nada, ¿a dónde? Las industrias han creado estrellas y público. ¡Pero si toda mi vida en mi casa el que cantaba estaba pelando las papas, y nadie decía nada! Las estrellas están muy lejos, brillan, pero no dan calor y están súper solas. Yo no quiero ser la mejor en nada; 'la mejor' es una frase maldita.

El porro ya se terminó. Buika se ríe de nuevo, y ese diastema hipnótico aparece por última vez.

Fuente: http://www.clarin.com

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