6 dic. 2009

CRÓNICA: La cantante afromallorquina dedicó concierto a Chavela Vargas en la Sala Nezahualcóyotl


Tania Molina Ramírez
Periódico La Jornada
Domingo 6 de diciembre de 2009, p. a10

Foto

Una artista afromallorquina acompañada de músicos cubanos interpretó canciones populares mexicanas en la prestigiosa Sala Nezahualcóyotl. Y recibió una ovación de pie.

Concha Buika llevó emblemáticas piezas como Las ciudades y El andariego a un nuevo universo sonoro conjunto: cubano, jazzero, flamenco.

La estremecedora Volver, volver, entonada en su característica voz ronca, fue recibida con aplausos y un grito del público: ¡Mejor no te vayas!

Las canciones de José Alfredo Jiménez, Juan Záizar y Álvaro Carrillo han acompañado a Buika desde su infancia, cuando su madre –con poco tiempo de haber llegado desde Guinea Ecuatorial a España– las escuchaba.

Pero el concierto se trataba sobre todo de un homenaje a su amiga y maestra de la vida, Chavela Vargas, quien le envió un mensaje. Chavela está aquí conmigo, me ha escrito una carta y me ha dicho que aquí está. Toda esta noche canto por ti, Chavela, dijo Buika, antes de entonar Se me hizo fácil.

La canción de Agustín Lara, tantas veces cantada en un intento por olvidar al ser amado, esta vez –con los arreglos del célebre pianista cubano Chucho Valdés– tomó aires soneros de la isla caribeña. Yo cada día la olvido más y más, festejó Buika, acompañada por los alegres acordes del piano de Iván Melón Lewis, del percusionista Fernando Favier y del contrabajista Dany Noel.

La noche se calentaba

El público celebró esta versión. Fue por estos momentos cuando la noche comenzó a calentarse. El concierto tardó en tomar vuelo. Muy poco a poco se iba transformando la atmósfera en la sala. Quizá algo tiene que ver que la artista sale al escenario sin estridencias, sin intentar echarse al público al bolsillo. Confía en que si algo es creado ocurrirá por la música misma; por su extraordinaria voz, al parecer capaz de cualquier acto físico y emotivo, que pasa de un ronco susurro a un desgarrado grito, que fue envolviendo a los presentes, a veces acariciándolos, a veces sacudiéndolos.

No recurre a efectos especiales, nada más es ella, con fuerte presencia, auténtica, sin falsedades: entregada por completo, incluso desborda pasión. Sensual, elegantísima en vestuario y actitud, descalza, se planta sobre un redondo tapete rojo enmedio del escenario, con el piano, percusiones y contrabajo en semicírculo a su alrededor.

Somos la demostración de que en Cuba y África escuchamos a México, dijo Buika –aunque de ese continente hubo poca presencia musical y, en cambio, bastante de España–, y añadió algo que no se entendió. Por lo menos en dos secciones de la parte superior del recinto no se escuchaba bien, y precisamente, en las ubicaciones menos costosas de arriba se encontraba buena parte de los asistentes.

El concierto es parte de la gira para presentar el disco El último trago (2009), grabado en Cuba, en el cual Buika y Chucho Valdés recrearon las canciones que Chavela Vargas interpreta con una profundidad y sensibilidad sin igual. “El estudio fue algo increíble porque grabamos el disco non-stop en 11 horas, divididas en dos días. No hubo grabación de pistas, ni ahora graba la batería y luego... No, fue un-dos-tres y tocar tema tras tema, como en directo, la mitad del disco un día, la mitad al siguiente. Fabuloso”, contó Buika en entrevista con La Jornada hace unos meses.

El pianista hizo los arreglos; de ahí el giro cubano y jazzero. Buika le da por momentos un sabor flamenco jazzeado. Buika y Valdés llevaron las canciones a otro lado, sin imitar el estilo de Chavela Vargas ni de nadie más.

La artista opinó que si alguien podía arreglar esos temas era Valdés: Toma en cuenta que el mariachi es muy difícil: es un lenguaje tan autóctono y tan ancestral que intentar arreglar aquello es muy difícil. Además, “el maestro Chucho –que vivió esas épocas, que también le dolieron en su tiempo, que también tiene sus heridas abiertas, sus recuerdos, sus amores– era de mi entorno la única persona que podía coger esto y llevarlo con esa habilidad, con esa solemnidad, y que los temas no perdieran pureza ni verdad”.

En un principio, Valdés participaría en este concierto. Finalmente, fueron tres músicos cubanos radicados en Madrid –dos de ellos, Lewis y Noel–, quienes participaron en el disco Niña de fuego, de Buika.

La artista también ofreció conocidas canciones de su repertorio, como Volverás, de Javier Limón, su cómplice musical. Y tal vez fueron éstas las que recibieron la mayor ovación.

Volverás, la sentida y tan humana canción que primero exige: Si ahora te marchas/ vete para siempre./ No te des la vuelta que/ las vueltas siempre duelen, para luego culminar: Y ya verás/ como tú a mí me pides perdón/ y yo que estoy loca de amor/ yo voy y te perdono.

Antes de cantarla, dijo, con una amplia sonrisa: “Por todo lo maravilloso e incorregible de nuestro ser… ¡Gracias a Dios, no tenemos remedio!”

A Volverás le siguió una ovación. Un joven se acercó al escenario y le entregó una rosa.

Cantó su composición Jodida pero contenta: Dolida pero despierta/ con miedo pero con fuerza...

“Componer canciones y cantarlas me ha ayudado a reconciliarme con una parte de mi vida que no quería. Yo no quería perdonar a esa mujer. Y no quería perdonar a ese señor. Y no quería reconocer mi culpa. Y el hecho de poder componer, cantar todo esto, me ha reconciliado con eso, que pida perdón, acepte disculpas, reconozca mi parte de error, reconozca mi humanidad y reconozcan cómo soy. Y sobre todo que tenga muchísimo más respeto por la soledad.

Esa es otra cosa que me ha enseñado Chavela: que tenga respeto a la soledad y a que la trate como lo que verdaderamente es: una verdadera compañera; en vez de tenerle miedo y huir. Ella me regaña mucho para que tenga valor y reconozca en la soledad a una gran aliada, dijo Buika en aquella entrevista.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx

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