13 nov. 2009

Dolorosa espuela (Crónica de su concierto en San Sebastian)

Dolorosa espuela
Tuvimos que esperar sentados en nuestros asientos 20 minutos sobre la hora inicialmente prevista, escuchando algunas toses de fondo y confiando en las defensas de nuestro sistema inmunitario frente a la 'gripe A', para poder gozar de la visita de Concha Buika al Kursaal. Una deferencia ante la cola que había en la ventanilla para cambiar los tickets invalidados ante los cambios que había sufrido la cita.
La espera perdió importancia en cuanto la artista pisó descalza la alfombra colocada a sus pies y se lanzó a interpretar el clásico Volver (con la frente marchita). Vestida con una negra falda larga y una blusa amarilla que dejaba al descubierto el tatuaje de su brazo izquierdo (mejor no hablamos del cinturón), la cantante guineana afincada en Mallorca se mostró expresiva y risueña hasta niveles olímpicos. Y cuando tocaba cantar para presentar sus canciones propias o El Último Trago, el reciente homenaje a Chavela Vargas, la sala enmudecía.
Tiene Buika una voz curiosa. Su tono denota cierta aspereza, como si algunas cuerdas vocales estuvieran raspadas. Pero a la hora de entonar frente al micrófono, lo que se supone va a ser una tara se convierte en una gozosa característica única.

Su canto viaja al son de los temas interpretados. Melodías repletas de energía, potencia, rabia, desazón, desamor y nostalgia. Las bases que siempre han marcado las grandes voces. Así, su quejío coplero acaba tomando aires flamencos cuando se eleva, mientras contrapuntea una música que fue más cubana que latina, más jazzera que estándar, con un trío traído directamente del malecón más famoso de Centroamérica.
«El último trago es la antesala del siguiente», afirmó la isleña en un pasaje de la noche. Nosotros nos tomaremos el concierto de ayer como el penúltimo que ha dado por nuestra tierra. Escuchando los aplausos que recibió en Donostia, la espera se va a hacer larga.

Fuente: http://www.diariovasco.com

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