8 nov. 2009

Concha Buika rindió sentido tributo a Chavela Vargas en un Palau de la Música repleto

Buika, el jueves en el Palau.
Buika, el jueves en el Palau.
LUIS TROQUEL
BARCELONA

Puede parecer una misión imposible. Si homenajear a un intérprete sin imitarlo ya es complicado, el caso de Chavela Vargas riza el rizo, pues su repertorio es también muy famoso por muchas otras voces. En este sentido, el último disco de Concha Buika, El último trago, coincide con otras damas de la canción que este mismo año han rendido tributo a la música latinoamericana (Pasión Vega, Luz, Sole Giménez), pero, como acostumbra, esta mallorquina de sangre guineana no se parece a nadie. Ni siquiera a Chavela.
Con todas las entradas vendidas días antes y famosos de esos que marcan carácter de acontecimiento (Pep Guardiola, David Trueba, etcétera), el pasado jueves lo presentó en un Palau de la Música rendido a sus pies desde el arranque. Y es que no pudo empezar mejor: a solas con su desgarro y Javier Limón –como invitado no anunciado previamente– acompañándola a la guitarra. Fue como un bis por un anticipado.

MARIACHIS POR LATIN JAZZ/ Ya sin Limón (que volvería al final para unirse a todo el grupo), demostró que su inclusión en el 41° Festival Internacional de Jazz de Barcelona está plenamente justificada. En cuanto a sonido, El Último Trago es su disco más latinjazzístico y lo presentó como tal: respaldada solo por piano, contrabajo y percusión. Ella lo definió entre risas como «una africana y unos cubanos cantando mariachis». Su sentido del humor en las presentaciones fue como un bálsamo, ya que si en algo recuerda a su adorada Chavela Vargas es en la capacidad para cantar calando hasta los huesos, de romperte el alma con su voz.
Cantó y habló con el público a corazón abierto. Soltó la rienda desde el primer momento y al final, literalmente, se desbocó. Llevó el Se nos rompió el amor de Rocío Jurado a terrenos más propios de María Jiménez (con quien comparte histrionismo atormentado) y regaló otra pieza que aún no ha grabado escrita por ella misma en mallorquín de pura cepa. Y cuando parecía que no había más bises volvió con su himno Jodida pero contenta, y salió de nuevo para resarcirnos de lo desatendida que tuvo su vena coplera casi todo el concierto: estremeciendo hasta las baldosas con un Ojos Verdes a capella sin perder el compás de bulerías.

Fuente: http://www.elperiodico.com

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