4 ago. 2009

CRÓNICA: Buika, rancheras con alma coplera (Peralada)

La cantante reivindicó con pasión a Chavela Vargas en Peralada
Chucho Valdés y Concha Buika en un momento del recital, el sábado, en Peralada.  Foto: EL PERIÓDICOJORDI BIANCIOTTO
PERALADA

Conexión afro-coplera-mexicana en Peralada. Rancheras con gramática de son cubano; boleros aflamencados y un piano con aliento de jazz latino. Concha Buika y Chucho Valdés estrenaron el sábado en el Festival de Peralada su homenaje a Chavela Vargas, que el pasado abril cumplió 90 años, con un recital apasionado, técnico y heterodoxo, en el que ambos fueron ellos mismos y, a la vez, fundieron códigos y complicidades durante casi dos horas. Un repertorio que se plasmará en un disco, El último trago, a la venta en octubre.
En el centro del campo visual, una Buika que conserva esos gestos de libertad que la hicieron famosa; capaz de introducir cambios en el texto de Volver, volver y de jugar con su voz vulnerando y pervirtiendo fraseos a placer. La aventura de asumir el repertorio de Chavela Vargas le va por cuestión de temperamento y por la textura arenosa de su voz, aunque el encaje instrumental sea distinto. Calificó a la mexicana como «mi diosa» y, sin intención de imitarla, su homenaje consistió en llevar a su terreno esas estrofas de arrebato, noche y alcohol con maneras más copleras que rancheras.

CRIBA DE ÉXITOS / Buika y Valdés abrieron solos el recital con En el último trago, del maestro José Alfredo Jiménez, y la alianza tuvo su punto de cocción en Las ciudades, Las simples cosas y Vámonos. Luego se sumaron un contrabajista y dos percusionistas, y la sonoridad cubana ganó paso. Entre la copla y el son, se abrieron paso Sombras, Cruz de olvido y Luz de luna. El repertorio no primó las canciones más populares del repertorio de la cantante mexicana: piezas como Piensa en mí, Noche de ronda y La llorona han quedado fuera del proyecto.
En el ecuador del recital, un receso: entró en escena Javier Limón, cómplice fetiche de Buika y productor solicitado (Diego el Cigala, Luz, Calamaro, Ana Belén, Sole Giménez). Con su guitarra como único apoyo, la mallorquina abordó un Volver, volver a medida y adoptó formas aflamencadas en Mamita y un inflamado asalto a Se nos rompió el amor, de Manuel Alejandro (que la compuso para Rocío Jurado). Una imagen de la Buika más pura y desprotegida, que la cantante decidió inmortalizar disparando algunas fotos a Limón con una cámara que guardaba en un discreto rincón del escenario. Recuperada la banda de apoyo, el bolero reinó con rescates de Se me hizo fácil, Un mundo raro, Somos y La noche de mi amor, piezas rematadas con el ritmo de son cubano inyectado a El andariego.
Consumado el homenaje a Vargas, el auditorio reclamaba piezas del repertorio de Buika. Los deseos fueron concedidos y la cantante recuperó Mi niña Lola, con el único puntal del contrabajo, y una versión sonera de Mentirosa. Remates fuera de guión de un recital al que se le adivina un largo recorrido. Entre las citas previstas ya se ha confirmado una en Barcelona: el 4 de noviembre en el Palau de la Música, dentro del Festival Internacional de Jazz.

Fuente: http://www.elperiodico.com


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