24 jul. 2009

Desgarradora Concha Buika Cerca de mil personas vibraron ayer con la voz de la artista palmesana que derrochó talento y sentimiento en Mallorca

Vestido rosa pasión intenso para seducir a su público, el de casa, el que más le impone.
Foto: M. Mielniezuk

VANESSA SÁNCHEZ. PALMA. En un derroche de pasión, quizás de exceso de sinceridad, sorprendió con un grito desgarrador, de esos que arrancan desde el corazón, que recorren el alma e invaden el cuerpo y que acaban irrumpiendo en medio de la noche. Así es Concha Buika, no hay término medio. Ella siempre llega, nunca se queda corta, opta por el exceso. Por eso, para aquellos que ayer se enfrentaban por primera vez a la voz de la artista palmesana, su actuación pudo resultar desconcertante. Para sus incondicionales, su ´niña de fuego´ lo bordó de nuevo. El aplauso, eso sí, fue generoso.


Encargada de cerrar el ciclo de conciertos de Sa Gerreria, Concha Buika apareció radiante con vestido rosa pasión y melena al viento, aunque "nerviosa" por enfrentarse al público de su tierra, el que más le impone y que esperó, bajo el calor sofocante de la noche, treinta minutos para escuchar los primeros quejidos. Mujer que llora y padece, te ofrezco la salvación, entonó tímida. Comenzaba de esta manera, con la canción que da título a su último trabajo, Niña de Fuego (2008), un recorrido por lo más destacado de su repertorio.


Acompañada por el pianista Iván González, el ´Maestro Melón´, y Fernando Javier, al cajón, Concha Buika cantó durante más de una hora a la libertad, al amor y al desengaño. "Siempre hay miedo al reencuentro", justificaba antes de embarcarse en un viaje por los recovecos de su alma; en un baile por el jazz, el blues y la copla.


Con ese quejido nostálgico que abandera, guió al público por las calles de la amargura, esas que recorre en La falsa moneda o en Volver, volver, ranchera que lleva al terreno de la exageración para ganarse la primera de las grandes ovaciones de la velada en la plaça de l´Artesania.
Se hizo después instrumento, en Ay de mi primavera, convirtiéndose en saxofón y violonchelo para ofrecer una pura reflexión sobre el tiempo acelerado del que Buika extraña "las palabras lentas, el sexo lento..." una solución "para hallar el camino correcto".


Antes de pasar a ritmos más pausados, de esos que también se encuentran en una discografía que cuenta con el sello de Javier Limón, la mallorquina recuperó uno de sus grandes himnos. Mi niña Lola sonó a nueva, como a esa primera vez que se descubre un nuevo olor, un nuevo rostro. Cuéntame tus amarguras, pa consolártelas yo, sanaba Buika.


Ración de talento, sobredosis de esfuerzo, lágrimas, sentimiento, pasión. Prometió volver con su nuevo disco, homenaje a Chavela Vargas que firma junto a Chucho Valdés. Ya la esperan.

Fuente: http://www.diariodemallorca.es

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