25 sept. 2008

Amparo - Buika: las dos caras del mestizaje español

Por Sebastián Ramos y Gabriel Plaza
De la Redacción de LA NACION

Los sonidos del planeta pueden caber en una canción. Amparo Sánchez y Concha Buika lo demuestran en su arte festivo y visceral, donde predomina la mezcla de ritmos. Una es ahijada artística de Manu Chao y la otra, de Chavela Vargas. Las dos coinciden esta semana en Buenos Aires, como muestra de esa fusión de estilos.

La historia de Buika es similar a la de muchas familias de inmigrantes africanos que llegaron a España. Su padre tuvo que irse de Guinea porque era un perseguido político y se mudaron a un barrio de Mallorca (vecindario de yonkis y gitanos), donde nació la pequeña Concha Buika. A los nueve años su padre las abandonó y su madre crió con alegría a los seis hijos. "Tuve que trabajar de todo en mi vida ?dice sin melodrama la cantante?. De niña ponía almohadillas en la Plaza de Toros. Recuerdo las tardes de domingo y el olor a sangre en el aire. También he limpiado en casas y he trabajado en una sex line. Mis compañeras tejían o leían revistas del corazón mientras jadeaban. Con ese trabajo compré mi primera guitarra".

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La historia de Buika modeló una personalidad avasallante arriba y debajo del escenario. Su forma de cantar, a puro sentimiento, por flamenco, tango, bolero y jazz, hipnotizó a la propia Chavela Vargas (de la que dice "me hubiera gustado ser su novia") y al productor de sus discos Javier Limón (del que dice "él me excita cuando toma su guitarra"). Con tres discos ?Buika (2005), Mi niña Lola (2006) y Niña de fuego (2008)?, la cantante se transformó en la mimada del circuito world music. Ella define su arte: "Lo que hago es sacarme arañazos de adentro, vaciarme de ayeres. Se queda todo afuera, se lo queda el disco, que a él no le pesa na?".

Una interpretación orgásmica; un universo musical ecléctico, donde entran el tango "Nostalgias" o la ranchera "Volver, volver", y las declaraciones sobre su bisexualidad derritieron la objetividad de los críticos. "La influencia más fuerte que me ha regido siempre ha sido mi latido. He tenido un latido mucho más fuerte que el de mis miedos", declara, honesta. Buika no es gitana ni africana, sino una trashumante entre esos mundos. "El flamenco es el recuerdo que tengo del sonido de mi barrio cuando era niña y aprendí a cantar de chiquita. Luego me metí al jazz, que ésa es la escuela de toa la vida. Y mi mamá en casa me ponía todo tipo de música, desde lo clásico hasta lo andino, pasando por lo africano, el rock, el blues... y todo lo bailaba por africano. Es que mi mamá venía de tribus y esa cosa tribal la llevaba a no reconocer las cosas por nacionalidades."

¿Qué heredaste de lo tribal?

Sólo las buenas costumbres: el comer, el sexo, la risa, la música.

¿De allí viene tu fusión?

Yo soy una consecuencia de lo que siento. No pertenezco a los que viven militando en bandos contrarios. Yo creo que los estilos son los diferentes colores que emplean los pueblos para aprender a vivir y seguir siendo felices; pero todos en el fondo, tanto Lucho Gatica como Miles Davis, intentamos expresar lo mismo.

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