25 jul. 2008

Concha Buika: “en mí, hay tres mujeres muy marcadas” HOYMUJER.COM

La cantante española de origen guineano se desnuda, por dentro y por fuera, en su tercer álbum “Niña de fuego”. En este disco Concha Buika le pone letra a sus historias de amor y, sobre todo, de desamor.

Buika está en este mundo para hacer lo que le gusta, sin hacer daño a nadie. Eso sí, con mucho arte. Porque ella, la niña coplera, es una doña Concha moderna. Su brazo está tatuado con palabras y nombres que le dan suerte, con una caligrafía primorosa de bordado de “petit poit”. Su físico es menudo y potente como un neutrón, y lo mismo se atreve a pedir kétchup para las patatas del cordero en un restaurante de categoría como a cantar copla antigua con su cara guineana o a pasarse las horas charlando para hacer una entrevista.

Image and video hosting by TinyPic

Mujer Hoy.

Su disco anterior se llamó “Mi niña Lola”, éste se llama “Niña de fuego”. ¿Qué queda de la niña que fue?

Concha Buika.
Sigue ahí, con más fuerza que nunca. He decidido dejar de ser mujer y volver a ser niña hasta que me merezca el laurel de “señora”. Hasta que no tenga esa mirada que tiene mi madre, no me lo voy a creer.

¿Qué es Kitailo?

Es mi nombre tribal y el de mi abuela. En Guinea se conoce así al personaje de Cenicienta. Fue mi bisabuela quién compró ese nombre. Según me contó mi abuela, a su madre se le morían todas las niñas y cuando ella nació la abandonó para no verla morir. Pero sobrevivió y se fue a vivir con unos familiares que le daban comida a cambio de trabajo, hasta que a los 10 años se puso a labrar. Mi bisabuela le pedía a sus tierras lo que se pide a un marido: compañía, seguridad… Pero se quedó embarazada y le puso Kitailo, como diciendo “tú si harás algo en la vida”. A su vez, mi abuela tuvo 11 o 12 hijos y de ahí sale la estirpe. Las Buika somos mujeres muy fuertes.

¿Por qué se fueron sus padres de Guinea?

Mi padre era un activista político y lo buscaban para cargárselo. Era maestro y escribía cosas revolucionarias. En 1976, primero vino él y, cuando se sintió seguro, se trajo a mi madre, que ya tenía dos nenes. Aquí, en Mallorca, nací yo.

¿En qué consistía el activismo de su padre?

Era muy radical, muy rebelde; pero hay que tener cuidado con las ideologías extremas, sean del signo que sean. Él exigía e imponía sus ideas de la libertad y democracia, y esos son conceptos a los que uno tiene que despertar.

A veces es muy complejo educar.

No, no, mi padre no tenía ninguna intención de educarnos, quería redimirse a través de nosotros, que sus hijos fueran militantes. Pero éramos pequeños, no sabíamos de militancia. Lo que no puedes hacer es criar a un niño en contra del blanco, en tierra de blancos.

¿De qué trabajaba aquí?

Era profesor de matemáticas y trabajaba en un banco, pero sobre todo era escritor, poeta y novelista. En mi casa estuvimos educados con unas presiones muy bestias, políticas y religiosas, porque por un lado estaba mi padre, pero por otro estaba mi madre, con su fe, que también se fue a los extremos.

¿En qué trabajaba ella?

Cuando mi papá se marchó, desapareció, ella se dedicó a la limpieza y así levantó a la familia.

¿Ha creado alguna historia para entender por qué se fue su padre?

Yo no tengo nada que entender, en todo caso es él, el que tiene que hacerlo.

Pero alguna explicación trataría de darle a la situación.

Noooo, de niño no piensas así. A través de las personas que tienes a tu alrededor sufres o no las situaciones que se viven en casa. Si tu madre monta dramas, entonces tú lo pasas muy mal; pero si ves que sigue tan tranquila, o al menos lo aparenta, te parece todo tan normal. A mí me dio igual. ¿Se había ido el ogro?, pues mejor. Él era muy raro y nos pegaba mucho. No era imprescindible.

Image and video hosting by TinyPic

¿Qué relación tenía con su padre?

¡Si se marchó sin darse cuenta de que yo llevaba dos años sin hablarle! [risas].

¿Y por qué?

Él era muy militar, muy competitivo. Yo tenía una competición de gimnasia para la que me había preparado mucho, pero llegó el día y no me llevó; estaba con una amante. No se lo perdoné, dejé de hablarle; nunca le hice ver mi disgusto directamente porque le tenía miedo, pero estaba enfadada con él.

¿Y él no se dio cuenta?

Él estaba entretenido con sus conferencias y sus historias, y eso estaba bien, porque el terror entraba en casa cuando él llegaba de la calle. Una noche nos sacó a todos de la cama y nos dijo: “Sentaos, que os voy a descubrir una gran verdad”. Recuerdo al pequeño en los brazos de mi madre. Yo tendría unos ocho años. Nos sentó delante de la televisión y comentó: “Ahora vais a ver lo que es un blanco”. En esos momentos empezó “Raíces”. Era tremendo ese hombre. Nosotros no nos enterábamos de nada, al ver que era para mayores estábamos esperando el beso de tornillo [risas]. Él no entendía que, una vez que te han pegado, pierdes el respeto, te digan lo que te digan, ya te da igual…

¿Ha vuelto a saber de él?

Sí, vive en Valencia. Se fue con una mujer que era alumna de mi madre en Guinea. Allí mi madre era monja, pero mi papá se la llevó para casarse. Ella dejó de estudiar, hasta el año pasado, con 65 años, que hizo el curso de acceso a la universidad y no veas cómo le ha ido de bien.

¿Y cómo lleva la educación de su hijo?

Estoy teniendo mucha ayuda. De su padre, de mi madre… Su padre y yo, más que una familia o una pareja, buscábamos alguien lo suficientemente loco como para compartir la experiencia de ser padres. Y ha sido genial. Ahora están todos en Mallorca, bajo la supervisión de mi mamá.

En una entrevista hablaba de la dificultad de vivir con uno mismo, ¿lo ha conseguido?

Estoy aprendiendo. Lo único que necesitamos es que las cosas sean divertidas, porque del dolor no nos va a librar nadie; forma parte de la vida. Pero lo que no me gusta es el exceso de dramatismo.

¿Cómo se evitan los conflictos?

Hablando, escuchando y aprendiendo a expresarse. Conflictos habrá siempre que dos quieran entrar en el juego. Yo te puedo traer a tres personas que mantienen tres posturas diferentes y que, a la vez, todas tienen razón. No sé el hombre, pero la mujer es el ser con más capacidad de autoengaño del planeta.

¿Qué importancia tiene para usted la opinión de los demás?

Hay que divertirse con ellas porque crean debate. Alimenta más una charla con alguien que piensa diferente, que con el que te da la razón, porque puedes dialogar, es más entretenido.

Ahí no se parece nada a su padre. Ha aprendido que se puede vivir en la discordancia.

Aparte que, desde pequeña, tuve conciencia de que tu manera de pensar o de sentir y la vida que desarrolles en torno a ella sólo te benefician. Entonces, ¿por qué eso tiene que ser considerado como ir contra alguien? Me da rabia que muchos se tomen tu postura o tu forma de pensar como una agresión. Oiga, yo respeto, respéteme.

Usted dijo que el amor es una cosa que se gana, ¿cómo?

¿Eso dije en una entrevista? Vete a saber, yo nunca las leo, pero anda que no traen cola. Una vez no me quisieron alquilar una casa porque dije que yo era trisexual, tridimensional y trifásica [risas]. A saber qué se imaginaban. El periodista me preguntó: “Tú que has estado viviendo con una mujer, ¿qué te consideras?”. Yo, ante semejante pregunta, contesté que no me creía nada de eso, es una manera de decirle que me daba igual.

¿Y qué es trifásica?

¡Pues lo que somos todas! [risas]. Mira, yo creo que soy tripolar, pero eso se lo dices a según qué periodista y vete a saber lo que pone.

¿Tripolar?

Pues el trastorno bipolar que todo el mundo conoce, pero en mi caso hay tres. Yo soy tres [risas].

¿Y cómo es cada una?

Si no nos gusta una sola comida ni un solo tipo de música es porque somos muchas por dentro. Son mis teorías de todo a un euro [risas]. En mí hay tres muy marcadas. No sabría explicarte quién soy, por ejemplo, cuando canto. Evidentemente, soy yo, pero no me siento como si lo fuera. Creo que, en la vida, la calma viene cuando consigues que se lleven bien los de dentro y los de fuera.

Y las de dentro, ¿cómo son?

Pues tengo una que odia a todas mis parejas [se ríe a carcajadas]. A ella le gusta nuestra película cuando estamos solas. Hay otra que es toda amor, toda gente y amigos. Esas dos no se llevan muy bien. Y la otra es una muy especial a la que veo muy de vez en cuando, que nunca dice “ná”, pero siempre está ahí. Interacciona muy pocas veces, pero cuando lo hace está “sembrá”.

Y cuando canta…

Ésa es la peor de las tres. Con ella llevo peleándome toda la vida; está en desacuerdo con todas mis parejas, pero se lleva divinamente con mi hijo. Ella me ocupa mucho tiempo, quiere estar todo el rato. Es la artista.

¿Hay manera de que se lleven bien las tres?

Pues sí, nos hemos puesto de acuerdo y ahora en agosto me caso conmigo misma. La gente le tiene mucho miedo al desamor pero para mí ha sido uno de mis grandes aliados, porque ha sido el paso para enamorarme de mí misma.

No hay comentarios: